Es difícil encontrar en Colombia algún hombre que de pequeño no haya soñado con ser jugador de fútbol. De hecho sin duda alguna muchos lo intentaron hasta donde pudieron, de manera aficionada, probándose en algún club profesional o ingresando a una escuela de fútbol. Es pretencioso pensar que el fútbol pueda enseñarse, pienso que es un gran don con el que se nace, aunque no se puede desconocer que sí puede pulirse como todo, si no se entrena tiende a perderse.
Ver a un infante jugando con la redonda es la reivindicación del pensamiento “el fútbol es un espectáculo” tal vez el más popular y pasional del mundo. Aunque la certeza de esta frase cada vez más se desvanece con el tiempo, ahora el imperativo es “debería ser un espectáculo”.
Pero eso es harina de otro costal, nos enfocaremos esencialmente en ese fragmento poco contaminado, inocente y puro que le queda a este deporte. El gusto y la ilusión que desde joven puede llegar a sentirse por ser un crack a nivel mundial.
Las divisiones menores son al fútbol lo que las raíces son al árbol, antes no podía concebirse una gran escuadra que no fuera forjada desde sus entrañas y con su propio capital humano. La globalización, el afán por conseguir resultados a corto plazo, entre muchas otras cosas le han quitado brillo e importancia a las divisiones menores en los clubes deportivos.
Intentaremos con este reportaje reivindicar un poco el papel preponderante de los jóvenes talentos en el presente, pero aún más en el futuro de los equipos enfocándonos en el Envigado Fútbol Club.
Las divisiones inferiores en cualquier equipo tienen varias justificaciones bastante válidas para su existencia por decirlo así. En primer lugar, materializan lo que podría denominarse como responsabilidad social de un ente deportivo, eso significa que la organización comienza a entregarle a la sociedad, al sector de más futuro, el sector joven, herramientas para su consolidación profesional y humana.
En segunda instancia es importante porque facilita que el deporte se convierta en una práctica, en una opción de vida digna y saludable para un segmento importante de la población. Por medio de ellas, las organizaciones deportivas garantizan su continuidad, por lo tanto un buen manejo de las divisiones menores en un deporte de elite y comercializado a más no poder, posibilita la renovación de los integrantes de la institución.
La existencia de estas divisiones en los “clubes” deportivos facilitan la formación de personas en la disciplina, en el sacrificio, en la entrega y necesidad de fijarse objetivos en su vida aún así los que no terminan siendo futbolistas en ejercicio. Un equipo sólido en divisiones menores demuestra un organizado sistema administrativo.
Un balón llega a todas partes, hasta a los rincones más recónditos de un país como Colombia, ante la ausencia del estado en gran parte del territorio colombiano, que conlleva a que millones de personas vivan en la miseria o pobreza, un joven prodigio ve en el deporte en este caso en el fútbol la opción más viable de ayudar o sostener económicamente a su familia. Aunque el fútbol debería ser concebido en primera instancia única y exclusivamente como un espectáculo ¿quién culpa a un muchacho con el estómago vacío por idear esta actividad como una forma de sobrevivir para él y su familia?
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